Este 2026 ha registrado una seguidilla de terremotos que ha encendido las alarmas de la colectividad al creer que se trata de un fenómeno inusual debido al corto plazo en que los potentes sismos han estremecido distintas partes del planeta.
La ocurrencia de temblores fuertes en tan poco tiempo levantan sospecha y abren el debate sobre si la actividad sismica es creciente o no, o si guardan relación para generar un efecto dominó.
La duda se ha incrementado con los últimos terremotos recientes registrados en Venezuela, Japón, Colombia, Indonesia y España, donde los fuertes sismos han causado decenas de muertos y daños materiales graves, así como fuerte deterioro a edificaciones como ocurrió con el sismo de magnitud 5,2 que sacudió la madrugada del 15 de agosto la provincia española de Granada, en Andalucía.
Esta concatenación de eventos separados por miles de kilómetros ha alimentado teorías sobre posibles conexiones tectónicas lejanas y el temor de que un terremoto superior a los 7 puntos de magnitud pueda influenciar otras zonas sísmicas a miles de kilómetros de distancia. Sin embargo, expertos geofísicos y organismos internacionales como el Servicio Geológico de EE.UU.
(USGS) sostienen que estos movimientos no guardan relación ni responden en cadena. «No hay ninguna relación causal entre estos sismos, de ninguna forma. No solamente ocurren en lugares muy alejados, sino que también tienen mecanismos completamente distintos», aclaró el geofísico Cristian Farías.
Los expertos señalan que cada temblor obedece a factores geológicos totalmente independientes y a la dinámica natural de sus respectivas placas tectónicas, lo que se puede verificar en los distintos puntos de profundidad que refleja cada uno de estos eventos naturales. Por ejemplo, mientras el terremoto de Colombia de 7,4 se originó a 110,3 kilómetros de profundidad por un movimiento lateral de placas en la región del Chocó, el sismo en Indonesia de 7,7 ocurrió a solo 10 kilómetros bajo la superficie.
¿Qué dicen los expertos?
La drástica diferencia en profundidades, mecanismos de falla y estructuras geológicas confirma que la cercanía temporal entre ambos fenómenos fue meramente una coincidencia estadística, indican los geólogos. Respecto a si existe alguna relación científica de causa y efecto a distancia, el USGS indica que un gran terremoto puede desencadenar sismos en lugares lejanos o en otras fallas en «algunas ocasiones».
Esto ocurre mediante un proceso conocido como «transferencia o activación por esfuerzo dinámico», cuando la energía de la onda sísmica que se propaga puede provocar un nuevo terremoto, generalmente en zonas ya vulnerables y propensas a la actividad sísmica frecuente como las regiones volcánicas.
Entre los ejemplos de grandes eventos que desencadenaron «sismicidad a distancia» se incluyen -destaca la USGS-, el terremoto de 7,3 de Landers (California, EE.UU.) de 1992; el de Denali (Alaska, EE.UU.) de 2002 de 7,9; y el de Sumatra de 2004 (magnitud 9,1), que rompió una superficie de aproximadamente 1.300 por 200 kilómetros y provocó réplicas desde el norte de Sumatra hasta una zona situada justo al sur de Myanmar, a unos 4.388 kilómetros de distancia.
Además el organismo aclara que «si un terremoto desencadenado se produce a una distancia equivalente a unas dos o tres veces la longitud de la ruptura de la falla asociada al sismo principal, dicho terremoto se considera una réplica, y no un evento desencadenado».

